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Historia de las Misas gregorianas

La costumbre de celebrar treinta Misas por un mismo difunto tiene más de catorce siglos. Le contamos lo que realmente escribió san Gregorio Magno sobre el monje Justo, cómo se difundió esta práctica en la Iglesia y qué se decidió en 1884 y en 1967.

Historia de las Misas gregorianas
Sebastiano Ricci · Public domain · Wikimedia Commons

San Gregorio Magno, papa y monje

Gregorio nació en Roma hacia el año 540, en una acomodada familia senatorial. Siendo joven fue prefecto de la ciudad, es decir, uno de los cargos más importantes de Roma. Pocos años después dejó el cargo y en la casa familiar del monte Celio fundó un monasterio dedicado a san Andrés, en el que él mismo se hizo monje. Más tarde recibió el diaconado y residió en Constantinopla como representante del papa. A su regreso volvió al monasterio, y en el año 590 fue elegido para la Sede de Pedro.

Como papa cuidó de los pobres en tiempos de hambre y de peste, envió misioneros a Inglaterra y dejó una rica herencia de escritos: homilías, la «Regla pastoral» y los «Moralia» sobre el libro de Job. Murió el 12 de marzo de 604. La Iglesia lo llamó «Magno»; es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia latina.

Los «Diálogos»: de dónde conocemos esta historia

Hacia los años 593–594 Gregorio escribió los «Diálogos», una conversación con el diácono Pedro sobre los santos y los milagros de Italia. El más conocido es el libro II, dedicado por entero a san Benito. El libro IV trata de la suerte del alma después de la muerte. En él Gregorio escribe, entre otras cosas, que para ciertas faltas leves existe una purificación después de la muerte y que el sacrificio de la Santa Misa ayuda a las almas de los difuntos. Para confirmarlo refiere varios hechos; uno de ellos, como él mismo subraya, ocurrió en su propio monasterio unos tres años antes. Es precisamente la historia del monje Justo (libro IV, capítulo 55 o 57, según la edición).

El monje Justo y las tres monedas de oro

Justo era monje del monasterio de San Andrés y entendía de medicina: atendía al propio Gregorio en sus frecuentes enfermedades. Cuando cayó gravemente enfermo, confesó a su hermano carnal Copioso que tenía escondidas tres monedas de oro. Los monjes las encontraron ocultas entre los medicamentos. En un monasterio donde todo debía ser común, aquello era una grave falta contra el voto de pobreza.

Gregorio, entonces abad, decidió actuar con severidad, tanto por el bien del moribundo como para escarmiento de los demás. Ordenó al prior Precioso que los monjes no visitaran a Justo y que, tras su muerte, se le enterrara fuera del cementerio de los monjes, junto con las monedas. Cuando Justo supo por qué los hermanos lo habían dejado solo, se arrepintió sinceramente de su pecado y murió en ese arrepentimiento.

Unos treinta días después de su muerte, según escribe Gregorio, comenzó a sentir compasión por el difunto. Llamó a Precioso y le mandó que durante treinta días seguidos se ofreciera por Justo el sacrificio de la Santa Misa, sin omitir un solo día. Los monjes cumplieron la orden. Una noche Justo se apareció a Copioso, que no sabía nada de las Misas que se estaban celebrando, y le dijo que hasta entonces había estado mal, pero que ya estaba bien, porque ese día había recibido la comunión. Cuando los monjes contaron los días, resultó que precisamente entonces se había celebrado la trigésima Misa.

Gregorio concluyó este relato afirmando que el hermano difunto había sido liberado gracias al sacrificio de la Santa Misa. Desde entonces, las treinta Misas celebradas por un mismo difunto se llaman gregorianas.

El contexto: la oración por los difuntos antes de Gregorio

Gregorio no inventó la oración por los difuntos: describió una de sus formas. Ya el Antiguo Testamento cuenta cómo Judas Macabeo ofreció un sacrificio de expiación por los caídos, para que quedaran liberados del pecado (2 Mac 12,43–46). Los primeros cristianos recordaban a los difuntos durante la Eucaristía: Tertuliano, entre los siglos II y III, menciona las ofrendas por los difuntos en el aniversario de su muerte, y san Agustín, en las «Confesiones», cuenta cómo su madre moribunda, santa Mónica, pidió una sola cosa: que se acordaran de ella ante el altar. El Catecismo resume esta tradición diciendo que la Iglesia, desde los primeros tiempos, ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (CEC, n. 1032). Hablamos más de esta enseñanza en el artículo El purgatorio en la enseñanza de la Iglesia.

Cómo se difundió la costumbre

Los «Diálogos» estuvieron entre los libros más leídos de la Edad Media, y con ellos se difundió la historia de Justo. La costumbre de las treinta Misas por un mismo difunto arraigó primero en los monasterios y después en las parroquias de toda la Iglesia occidental, y el nombre de «treintena gregoriana» (en latín, tricenarium Gregorianum) se convirtió en su denominación habitual. En español se habla sencillamente de las «Misas gregorianas».

Durante siglos la práctica se desarrolló sobre todo como devoción de los fieles. La Iglesia no la instituyó por decreto, pero con el tiempo confirmó que es conforme a la fe y precisó las normas para su celebración.

1884: el reconocimiento de la Congregación de Indulgencias

En 1884 la Congregación de Indulgencias declaró piadosa y razonable la confianza de los fieles en el valor de las treinta Misas gregorianas. Esta formulación es importante: la Iglesia no promete aquí un efecto determinado, sino que afirma que la fe de la gente en esta práctica tiene fundamento sólido y no es superstición.

1967: la declaración «Tricenario Gregoriano»

El documento contemporáneo más importante es la declaración de la Sagrada Congregación del Concilio «Tricenario Gregoriano», del 24 de febrero de 1967 (AAS 59 [1967], pp. 229–230), publicada por mandato del papa Pablo VI. Responde a una pregunta práctica: ¿qué ocurre si la serie de treinta Misas se interrumpe? El documento establece, en síntesis:

La serie de treinta Misas gregorianas interrumpida por un impedimento imprevisto (por ejemplo, una enfermedad repentina) o por otra causa razonable (por ejemplo, la celebración de una Misa exequial o de matrimonio) conserva, por disposición de la Iglesia, los frutos del sufragio que la práctica de la Iglesia y la piedad de los fieles le han reconocido, quedando firme la obligación del sacerdote celebrante de completar cuanto antes la celebración de las treinta Misas. El Ordinario, por su parte, vigile oportunamente para que en asunto de tanta importancia no se introduzcan abusos.

Firmaron la declaración el arzobispo Pietro Palazzini, como secretario, y Florenzio Romita, como subsecretario. Ese mismo año la Congregación del Concilio pasó a llamarse Congregación para el Clero. Comentamos el documento con más detalle en la página «Tricenario Gregoriano»: la declaración de 1967, y sus consecuencias prácticas en el artículo ¿pueden interrumpirse las Misas gregorianas?

Las Misas gregorianas hoy

Catorce siglos después, la práctica sigue siendo en esencia la misma que en el monasterio del Celio: treinta Misas, día tras día, por un mismo difunto. Solo ha cambiado que hoy las Misas pueden celebrarlas uno o varios sacerdotes, en distintas iglesias, y que la intención puede encargarse a distancia. Cómo entendemos hoy esta oración lo explicamos en el artículo ¿Qué son las Misas gregorianas?, y su lugar entre las demás formas de recordar a los difuntos, en la página oración por los difuntos.

En el santuario de Nuestra Señora de Białynicze continuamos esta tradición: recibimos intenciones de todo el mundo y celebramos Misas gregorianas en Białynicze y con la ayuda de sacerdotes de otras parroquias del este de Bielorrusia. Si desea unir a su difunto a esta oración de siglos, puede encargar las Misas gregorianas mediante el formulario.

Fuentes

Preguntas y respuestas

¿Era ya papa san Gregorio cuando mandó celebrar las Misas por Justo?

No. El hecho ocurrió cuando era abad del monasterio de San Andrés en Roma. Lo relató unos años después, ya siendo papa, en el libro IV de los «Diálogos».

¿Por qué hay cuadros que representan la «Misa de san Gregorio» con Cristo sobre el altar?

Es otro motivo, posterior: una leyenda medieval sobre la aparición de Cristo a Gregorio durante la Misa, muy popular en el arte de los siglos XV y XVI. No está relacionada con la historia de Justo, aunque ambos relatos tienen en común la Eucaristía.

¿Dónde puedo leer los «Diálogos» en español?

Los «Diálogos» de san Gregorio Magno se han publicado en español en varias ediciones, entre ellas colecciones de textos patrísticos; la historia de Justo se encuentra en el libro IV. Conviene buscarlos en bibliotecas parroquiales y universitarias.

La antigua iglesia carmelita de Białynicze en un dibujo de Napoleon Orda
Napoleon Orda, Białynicze (1877), dominio público · Wikimedia Commons

El santuario de Nuestra Señora de Białynicze

Durante siglos, Białynicze, a orillas del río Drut, fue uno de los santuarios marianos más importantes de la antigua República de las Dos Naciones, conocido como la «Częstochowa de Bielorrusia». La iglesia carmelita con la imagen milagrosa de la Virgen, coronada en 1761, fue destruida en la época soviética.

Hoy la parroquia está reconstruyendo el santuario, y cada Misa que se encarga aquí apoya esta obra.

Historia del santuario →

Encargo de Santa Misa

Déjenos sus datos de contacto y la intención; le responderemos por correo electrónico con una propuesta de fecha.

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